En Teruel es muy conocido el caso de Alberto, un chico al que le estalló una granada cuando limpiaba un trastero. Sufrió amputaciones en brazos y manos, además de una ceguera casi completa.
Para su recuperación comenzó a practicar atletismo, corriendo junto a un amigo, al que iba unido mediante un cordel de un metro de longitud.
Gracias a su esfuerzo y superación comenzó a ganar premios y su nombre ha llegado a ser una referencia en estas modalidades deportivas.
El mérito de Alberto es incuestionable, pero nadie comenta el de su acompañante. El sacrificio de un deportista por ayudar a su amigo, dedicándole muchas horas de su tiempo libre y sin ambiciones personales por conseguir un premio para él, resulta un ejemplo de altruismo y dedicación a los demás.