El cientÃfico quedó extasiado, con los ojos abiertos y la boca desencajada. Se trataba del descubrimiento del siglo, y lo tenÃa ante sÃ, tan real como él mismo. Se puso tan nervioso que no fue capaz de emitir palabra alguna. Contempló una vez más su obra, con detenimiento. Era su mismo reflejo, aquel cabello largo y atezado, su rostro anguloso y pálido. Su reflejo se movió, por lo que decidió aproximarse con recato, para no agitarlo. Y entonces, cuando creyó que nada más podÃa sorprenderle… su clon le habló.