En la noche de San Silvestre, las calles de Salamanca se transformaron en un rÃo de luces y colores. Los corredores, ataviados con disfraces extravagantes parecÃan flotar sobre el adoquinado, como si el tiempo se hubiera detenido. Entre ellos, Lucas, que se sentÃa más fuerte con cada zancada que daba gracias a su capa de superhéroe.
De repente, un aroma a chocolate caliente lo envolvió, guiándolo hacia una pequeña pastelerÃa que nunca habÃa visto. Al entrar, las paredes estaban cubiertas de dulces que danzaban al compás de una melodÃa encantadora. La dueña, una anciana de ojos brillantes, le ofreció un trozo de tarta que prometÃa cumplir un deseo y con el corazón medio desbocado, pidió ser el corredor más rápido. Al morder la tarta, se dio cuenta de que ya no corrÃa; volaba, dejando atrás la tierra y justo en ese momento, atravesó la lÃnea de meta.