27 DE DICIEMBRE DE 2026

En la noche de San Silvestre, las calles de Salamanca se transformaron en un río de luces y colores. Los corredores, ataviados con disfraces extravagantes parecían flotar sobre el adoquinado, como si el tiempo se hubiera detenido. Entre ellos, Lucas, que se sentía más fuerte con cada zancada que daba gracias a su capa de superhéroe.
De repente, un aroma a chocolate caliente lo envolvió, guiándolo hacia una pequeña pastelería que nunca había visto. Al entrar, las paredes estaban cubiertas de dulces que danzaban al compás de una melodía encantadora. La dueña, una anciana de ojos brillantes, le ofreció un trozo de tarta que prometía cumplir un deseo y con el corazón medio desbocado, pidió ser el corredor más rápido. Al morder la tarta, se dio cuenta de que ya no corría; volaba, dejando atrás la tierra y justo en ese momento, atravesó la línea de meta.