27 DE DICIEMBRE DE 2026

En la treinta y cinco edición de la San Silvestre Salmantina tuve una misión que cumplir. Salí de los últimos de San Antonio, éramos muchos, todos humanos salvo yo.

Salamanca es un gran rincón del universo, su historia, su gente, sus tapas… En estas fechas subiría la temperatura, pero tengo la responsabilidad de no modificar según qué cosas.

Ya en el Paseo de Canalejas adelanté a mucha gente disfrazada, en el Puente Romano corrí junto a abuelos llenos de vitalidad, en Libreros me pasó una corredora invidente con su guía y fue en Rúa Antigua cuando me puse a la altura de mi misión.

Los terrícolas son asombrosos, cierto que a veces dan ganas de exterminarlos, pero otras lamento no poder ayudarles más. Vega estaba a punto de abandonarlo todo, solo tuve que sonreírla. Fue suficiente para que ella llegara al final.

Será su primera victoria de muchas.