27 DE DICIEMBRE DE 2026

Eligió ir de reloj: un disfraz completo, con manecillas y esfera.
Los demás iban de superhéroes, de monjas, de alienígenas; pero él marcaba las horas con una exactitud inquietante.
Cuando sonó el disparo de salida, todos corrieron. Él, no.
Avanzó despacio, como si midiera cada zancada.
En la Plaza Mayor, los niños lo aplaudían: “¡Corre, reloj, que llegas tarde!”.
Él sonreía.
Faltaban tres segundos para el año nuevo cuando cruzó la meta.
En el marcador se leía su tiempo: 23:59:57.
Entonces el disfraz se detuvo.
Y la aguja, también.