27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada año lo guardaba con mimo, arrugado por el sudor y el viento.
El dorsal 3127 había cruzado todas las metas de la San Silvestre desde hacía más de una década.
Al principio corrió por orgullo, luego por amor, después por promesas que ya nadie recordaba.
Cuando la enfermedad le obligó a dejar las zapatillas, siguió participando a su manera: asomado al balcón, animando a los corredores, respirando al mismo ritmo que ellos.
Decía que así también se corría.
Este año será su nieto quien baje a la calle con ese número en el pecho.
Y cuando cruce la meta, levantará la vista hacia el balcón vacío, convencido de que el dorsal 3127 ha vuelto a llegar el primero.