Entre el tumulto de zancadas desiguales y risas torpes, los veo. No son rápidos ni certeros; titubean, jadean, se miran entre ellos buscando aprobación, y a veces hasta chocan con la torpeza de quien aún no ha aprendido.
Corren con esa mezcla de miedo y alegrÃa sin razón que tienen los nuevos. Los observo desde la punta, tan lejos en experiencia y distancia que ya no siento el roce de esos nervios, ni la alegrÃa del inicio.
Años atrás, yo también me tambaleaba al correr, tropezaba, y me levantaba con una sonrisa mitad vergüenza, mitad orgullo.
Ahora, al mirar hacia adelante, encuentro la perfección en la técnica, la seriedad en cada paso. Pero en algún punto, también dejé atrás algo más. Los novatos lo tienen aún: esa risa inesperada, el placer de lo simple. Corren por llegar; yo ya solo quiero volver a ser como ellos.