Ahà estaba mamá, junto a la lÃnea de meta, esperándome con los brazos abiertos. Cuanto más corrÃa, el cansancio la hacÃa desvanecerse, como un espejismo. Estaba a punto de tocarla, pero cada paso la alejaba. Recordé su voz, la última vez que la oÃ: “Siempre estaré contigo, aunque no me veasâ€.
CorrÃa con el alma desgarrada, deseando que este esfuerzo me devolviera lo irrecuperable. Al cruzar la meta, la verdad me golpeó: nunca podrÃa volver a tocarla. Sin embargo, su amor, ese amor indestructible, vivirÃa en cada latido de mi zancada.