27 DE DICIEMBRE DE 2026

Tengo la conciencia tranquila de que yo les advertí que iba a necesitar un pañal desechable, que sabía lo que iba a suceder. Que con el agotamiento mi cuerpo se transforma, y pasa a ser una criatura caprichosa e indomable. Pero ellos no quisieron escuchar razones, y no me permitieron usarlo.
Lideraba la competencia cuando, hacia el final, el cansancio extremo me hizo perder el control de mis intestinos. Sentí cómo el excremento líquido me chorreaba por las piernas hasta las zapatillas, y salpicaba a todos los que venían detrás. Y escuché protestas airadas.
Fue una victoria magnífica, aunque algo opacada por la sospecha. De que no fue tanto que los demás no pudieron, como que no se atrevieron a sobrepasarme. De que fue ese escudo de pestilencia el que me protegió y resguardó mi liderazgo.
Creo que la próxima vez me van a permitir ponerme lo que quiera.