Me gusta narrar, correr menos. Aunque para redactar con conocimiento de causa he de vivir las sensaciones. Soy escribidor de experiencias, ergo necesito un dorsal.
Luego elucubro que el plazo termina en noviembre y que la carrera es en diciembre. ¡Maldita cronologÃa!
Leo microrrelatos enviados por otros para empaparme de detalles.
Aunque vivo en Madrid, me pongo ropa cómoda y comienzo a entrenar. Correr debe ser igual en todos sitios, creo.
Me he aprendido de memoria el recorrido salmantino y superpongo las imágenes de cada escenario sobre el paisaje madrileño.
El primer dÃa, cuando estoy -mentalmente- a punto de culminar la calle Mérida y ya mis piernas flojean, entro en la cafeterÃa de Silvestre, en Leganitos, y me pido un chocolate con porras.
Mañana a ver si llego al final de Gómez Ulla y compro unas lentejas de la Armuña en la tienda de los Hermanos Salamanca, cerca de Callao.