Cada paso que daba me hacÃa sentir más libre. SentÃa que mi cuerpo se liberaba con cada zancada. No importaban ni el cansancio ni el premio, mi única meta era correr. Correr tan rápido como mis piernas me permitieran, elevarme, sentir que volaba sobre las calles de Salamanca, como un pájaro. Pequeño y ligero. Dejando que los edificios se desdibujaran tras mi paso, testigos mudos del tiempo, sombras que guiaban mi camino.
El aire llena mis pulmones como un torrente limpio y fresco, no existe nada más. Cuando corro el tiempo se detiene, somos solo yo y mis pensamientos. Lo único que importa es avanzar, superarme. Ser capaz de cruzar la lÃnea que separa mis temores de mis logros, batir mis propias metas. Eso es correr.