27 DE DICIEMBRE DE 2026

“¡Carajo!, ¿cómo pudiste extraviarlas, Gabriel?”, le recriminó su padre, histérico, recordándole cada cinco minutos el dineral que habían costado.
Llamaron a la puerta. Gabriel abrió. Un joven de rostro sudoroso y enrojecido le saludó efusivamente… Acababa de ganar la carrera en categoría Juvenil masculino, una de las tantas que conforman “La San Silvestre Salmantina”. Quiso compartir su premio con Gabriel como muestra de gratitud, pero este amablemente desistió, dejando entrever su admirable bondad.
Las zapatillas deportivas que Gabriel había comprado para estrenarlas en aquel evento multitudinario, y que luego juró haber extraviado, en realidad se las había regalado al otro mozalbete. Ahora el humilde muchacho podría alardear de su triunfo en el orfanato… y también de las zapatillas que jamás había tenido.
Ese día, Salamanca abrigó bajo su cielo a un verdadero campeón.