Jesse corrÃa al colegio, a su casa, a ver a sus amigos, Jesse corrió hasta alterar el segregacionismo. Desde Alabama hasta BerlÃn no hizo otra cosa que correr, y sus pies, veloces como los de Hermes volaron hasta el otro lado del mundo no sólo para cruzar una meta como triunfador, sino para alcanzar metas que irÃan más allá de la pista de atletismo. En su paÃs no era más que un negro que sabÃa correr, en la Alemania aria, una curiosidad. Despertaba tal admiración que las jóvenes germanas lo perseguÃan, los niños lo imitaban e incluso algunos de sus rivales alemanes llegaron a hacerse amigos suyos. Aún a pesar de todo el odio y discriminación existente, Jesse Owens se convirtió en leyenda al resultar ganador en unas pruebas que desmitificaron la existencia de las razas.