Entré volando en el Paseo de San Antonio, parecÃa el hijo del viento, nada más cruzar la meta caà de rodillas mientras el público me aplaudÃa y vitoreaba, rápidamente llegó gente de la organización,me ofrecieron una bebida isotónica y me taparon con una manta como a los Africanos que ganan las maratones, todos me felicitaban y la muchedumbre seguÃa aplaudiéndome, no pude por menos que hacer un gesto a modo de saludo cual actor de Hollywood para agradecer el apoyo. Las calles salmantinas me habÃan agotado, pensar que eran las mismas que recorrÃa los jueves de juerga en mis años mozos, pero el esfuerzo habÃa merecido la pena, jamás olvidare el cariño y la deportividad del público y los demás participantes. Según me dijeron me habÃan aclamado más a mà que habÃa llegado el último que al primero, pero mi objetivo estaba cumplido, habÃa logrado terminar la carrera.