De pronto pude ver, por entre la gente, un hombre parado al costado de la calle; en su mano un revólver. Nadie dijo o hizo algo, era como si a nadie le importase verlo ahí, de pie, tan tranquilo e impávido, sumido en sus pensamientos, en el que el tiempo avanza lentamente a cada mirada que da a su reloj. Uno a uno caíamos en la incertidumbre de no saber en qué momento dejaría salir un tiro. La ansiedad, el miedo y tantas emociones nos hacían sudar antes de siquiera comenzar a correr; sí, correr lo más rápido posible de él y de cada uno de los que estábamos ahí. Éramos prisioneros del tiempo, de la angustia, del no saber cuánto más podríamos soportar. De pronto todos corrimos. El disparo de aquel revolver había dado inicio a la carrera de SAN SILVESTRE SALMANTINA 2025.