Tortuga finalmente, contrariando a recia perseverancia los resultados de las estadÃsticas, cruzó la meta y causó el agravio en los apostadores. Liebre empleó tanto empeño en alcanzar a Tortuga, que aunque no logró su objetivo, si llegó a velocidades jamás vistas; tanto, que al cruzar la meta tras Tortuga, Liebre se fragmentó sobrenaturalmente en incontables moléculas luminosas, desapareciendo en un instante de la vista de animadores y curiosos, como por arte de magia. – ¡San Silvestre! – Exclamaron maravillados los presentes.
Sin darse cuenta cómo, Liebre se encontró cayendo en un oscuro abismo y alucinó su muerte, hasta que tocó un fondo blando y afelpado. Luego, el mago metió sus manos en el hoyo del sombrero y tomando a Liebre por las orejas, lo sacó del negro pozo para que el asombrado público, aplaudiera.