Se habÃa estado preparando con Juanma desde hacÃa meses por el parque y las calles menos transitadas. Por fin llegó el dÃa de “La San Silvestreâ€. Y corrió como no lo habÃa hecho nunca antes.
El pelo sudoroso, la camiseta chorreando y las extremidades echando humo; en la boca la mejor de sus sonrisas. Notó que todo el mundo los miraba y los animaba a continuar. El corazón le latÃa muy deprisa. Entraron juntos en la meta y mientras su dueño buscaba el final de la correa, para darle un abrazo, él consiguió emitir un sonoro ladrido.