Su mirada azul se quedó atrapada en la prueba de altura. Era su primera vez en la pista y estaba fascinado. Observaba a los lanzadores girar sus martillos y a los fondistas dar vueltas infinitas, pero sus ojos siempre volvían a la colchoneta azul. Él no era un niño que destacara en los deportes, sin embargo, ese día se transformó, asomó su magia y quiso ser el mejor saltador. Tras años de juegos infantiles, fines de semana agotadores de competiciones y entrenamientos duros, su momento llegó. Bajo la luz de los focos lo consiguió. Se elevó como un halcón, pasó por encima del listón y cayó en la misma colchoneta donde se enamoró. Miró hacia la grada y allí vio al niño fascinado de ojos azules dándole las gracias. Su carrera había comenzado, saltando, jugando con la gravedad y ganando metales.