Mientras avanzaba con buen ritmo, con paso firme e inquebrantable, me perdà entre mis elucubraciones: Tanto esfuerzo, las corridas en las madrugadas, al sol y al agua para hacer los mejores tiempos y medir los progresos, ahora, al fin, estaba a punto de triunfar, respiraba al son de mis pasos, jadeaba, seguÃa aún con fuerza, la Salmantina será mÃa.
Volvà de mis pensamientos, los asistentes coreaban mi apellido, quedaban poco menos de 100 metros, tome mi último aire, apresuré el paso, la lÃnea de meta estaba a dos brazadas, crucé el listón, gané, ganamos, solté la radio con la que le estaba haciendo el seguimiento a mi hijo, entre la multitud lo alcance a ver, a lo lejos le grité:
_ Lo hicimos, nuestro apellido quedará en la historia.
Aunque el atleta era mi hijo, era como si hubiese corrido yo, él habÃa hecho realidad mi sueño, ganar la carrera.