La noche anterior fue estresante, quizás no la mejor manera de prepararse antes de una carrera exigente, la ambulancia trajo varios heridos por un accidente múltiple en carretera. Era el médico de guardia y lo dio todo por los maltrechos pacientes. Ahora también lo daba todo, era mitad de recorrido e intentaba sacar fuerzas de flaqueza, esa parte en que recuperas fuerzas o terminas tirando la toalla. Se fijó en un atleta que llevaba por delante, su ritmo era bueno e intentaba seguir su estela, como si de una liebre se tratase. Durante un tiempo la cosa iba bien, pero en algún momento, ese corredor comenzó a tener problemas, corrÃa en zigzag y acabó cayendo a la calzada. En ese momento, la carrera fue otra, el atleta era un actor secundario a lomos del médico. Le atendió rápidamente, primeros auxilios, llamó la ambulancia y ya no importaba otra cosa.