Era su última carrera en CategorÃa Senior. En las anteriores ediciones habÃa logrado un segundo y dos terceros puestos. Al tomar el Paseo del Rollo sintió que su suerte estaba echada: la competidora que lideraba la prueba la aventajaba por más de cincuenta metros. Aún manteniendo el ritmo, llegarÃa en segundo término. Cuando pasó a la altura de la calle Lugo, giró levemente su cabeza y allà estaba: su madre, con los brazos en alto, la alentaba agitando aquel inconfundible pañuelo rojo. Un torrente de energÃa renovada la inundó. Aceleró como si recién iniciara la carrera. A doscientos metros de la llegada, vio por el rabillo del ojo el rostro sorprendido de quien perdÃa la primera posición. Cruzó la meta con la cara bañada en lágrimas. Formó con sus manos un corazón que elevó al cielo dedicando el triunfo a su madre que habÃa partido hacÃa ya siete meses.