27 DE DICIEMBRE DE 2026

Revolotea un momento hasta que cae y, con las prisas, nadie se agacha a recogerlo. Pero yo, que no perdono una moneda de un céntimo ni una colilla, lo rescato y corro hacia su dueña, que lleva el dorsal 621 a la espalda.
Estoy en la San Silvestre salmantina y no me he inscrito, pero, entre tantos atletas, paso desapercibido. De San Antonio vuelo a la Plaza Mayor, en el Puente Romano rebaso a una legión de velocistas y en la Plaza del Alto del Rollo doy alcance –¡por fin!– a mi tenaz liebre.
–¡Se le ha caído el pañuelo!
–¡Muchas gracias! –exclama ella sonriente, y sigue con sus zancadas.
Yo, que me huelo el pronto desenlace, tampoco aflojo y cruzo la meta el primero, a ver si este santo viene con haba y por la noche ceno caliente.