Por fin estoy nuevamente aquí, en la carrera de San Silvestre Salmantina. Estoy a punto de salir y los nervios me empiezan a jugar una mala pasada haciendo que tiemblen las piernas. Dan paso para avanzar en el recorrido, todo el mundo quema adrenalina con todo su cuerpo. Sigo a paso rápido, soy feliz, me siento vivo, pienso que puedo llegar de los primeros a la meta, pero cuando estoy a punto de besar el cielo, tropiezo y caigo como un saco de patatas. La carrera sigue sin mí y mi sueño se cae con mi caída. De pronto, una mano suave me ayuda a incorporarme y llegar a la meta.
Por desgracia no quede de los primeros, pero sin duda ese día gané el premio más grande de mi vida. Ahora todos los años no faltamos a la carrera de San Silvestre Salmantina y dándole gracias por habernos conocido.