27 DE DICIEMBRE DE 2026

Barry despertó radiante. —Va a ser un gran día —pensó mientras se levantaba. Se puso el dorsal. Salió a correr la San Silvestre Salmantina.

En la salida de la carrera, sentía en todo su cuerpo como si fuera Flash. No solo iba a ganar, sino que iba a batir el récord. Corrió a un ritmo acelerado, adelantando a todos.

A mitad del recorrido, junto al Palacio de Monterrey, empezó a ver todo alrededor de color gris.—¡No, no, ahora no… otra vez no!—

De repente, las zancadas pesaban un montón. Las chispas se apagaron.—¿Qué sentido tenía todo eso?— Su corazón ya no latía con euforia, sino con desesperanza. Quería parar, acostarse y desaparecer.

Cruzó la meta sin levantar los brazos. Ya no importaba el tiempo ni el puesto. Mientras se secaba el sudor frío, una voz interior le susurró: —Lo terminaste, aunque quisiste rendirte—.

Esa era su premio.