27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hacía ya tiempo que la pistola había dado comienzo a la carrera, todos los participantes esperaban llegar a meta victoriosos.
El primer corredor sudaba tinta, pues el segundo corredor estaba a pocos metros de él y solo quedaba un kilómetro para la línea de meta.
Hacía frío y le temblaban las piernas, miró hacia abajo para olvidar el cansancio, se negaba a caer rendido ante él. Pero entonces, casi por casualidad, al abrir los ojos, que había mantenido cerrados por unos instantes, vio su dorsal, número cinco, con el cajón élite…
Puede que los espectadores no lo viesen, pero él sintió como su cuerpo se recargaba con las fuerzas que aún le quedaban.
Después de muchos años su dorsal todavía está enmarcado en la pared de su salón.