Todo comenzó como si del primer pasito de un niño se tratase. María volvió a nacer.
En ese momento de su vida, se sentía insignificante. Tan sólo sus estremecedoras zancadas conseguían romper las peores cadenas, esas que no se ven pero duelen.
Cada mañana, sus manos pequeñas y frágiles ataban sus cordones con ilusión. Era una sombra persiguiendo la luz, era pequeña pero correr la hacía sentir grande.
¿Qué tendrá este deporte que tanto da y tan poco pide? Al igual que la Salmantina, llegó donde está ahora gracias a creer en ella, a dar pequeños pasos en la dirección correcta, a abrirse al mundo…
Hoy es 28 de diciembre y lo único importante es que está ahí, en la línea de salida, con miles de kilómetros en sus piernas y el título de maratoniana, a punto de cumplir un sueño más porque nada ni nadie fue capaz de detenerla…