27 DE DICIEMBRE DE 2026

Creo que se fijó en mí cuando cruzamos el primer kilómetro de carrera. Le pedí perdón por un traspiés. Yo ya me había enamorado de él en la salida. El segundo kilómetro lo hicimos juntos. Tenía el pelo corto y los ojos verdes. Cuando cruzamos el puente romano le pregunté su nombre. Felipe. Del cuarto al séptimo kilómetro nos pusimos al día de costumbres y aficiones. Le gustaba viajar y amaba los gatos. Bingo. En la Avenida de Portugal cambió sorprendentemente el ritmo y se pegó a una chica joven que le hacía más gracia. No me importó. Seguí corriendo a su lado. Llegamos al octavo los tres, sudando la gota gorda. En el noveno dejamos atrás a la rubia cuando le comenté a Felipe mi afición por escribir. No falla. Todos soñamos con ser los protagonistas de una novela, o al menos en este caso, de un microrrelato.