Creo que se fijó en mà cuando cruzamos el primer kilómetro de carrera. Le pedà perdón por un traspiés. Yo ya me habÃa enamorado de él en la salida. El segundo kilómetro lo hicimos juntos. TenÃa el pelo corto y los ojos verdes. Cuando cruzamos el puente romano le pregunté su nombre. Felipe. Del cuarto al séptimo kilómetro nos pusimos al dÃa de costumbres y aficiones. Le gustaba viajar y amaba los gatos. Bingo. En la Avenida de Portugal cambió sorprendentemente el ritmo y se pegó a una chica joven que le hacÃa más gracia. No me importó. Seguà corriendo a su lado. Llegamos al octavo los tres, sudando la gota gorda. En el noveno dejamos atrás a la rubia cuando le comenté a Felipe mi afición por escribir. No falla. Todos soñamos con ser los protagonistas de una novela, o al menos en este caso, de un microrrelato.