Suena el disparo y arranco a correr. No miro hacia atrás. AmplÃo la zancada, sorteo los cuerpos, avanzo rápido, mi respiración se acelera, mis fuertes piernas me hacen volar.
Ya no siento el peso del kalashnikov a mi espalda, metro a metro va disminuyendo la carga de las muertes en mi conciencia. Veo muchos rostros, me atrevo a mirarlos a los ojos, no veo miedo, ni odio, solo entusiasmo, alegrÃa. Un rumor creciente llega a mis oÃdos: son aplausos, gritos de ánimo. Alguien pronuncia mi nombre a voces, otros le imitan. Cada vez la meta está más cerca, no sé si ganaré esta carrera, pero no me importa. Solo quiero correr en libertad por las calles de esta ciudad que me ha brindado una segunda oportunidad. Esta carrera me ha devuelto a la vida.