Hoy he vuelto a Salamanca. En realidad, nunca me fui del todo porque ella y yo siempre fuimos uno. Casi no la reconozco. La Plaza Mayor, sin sus jardines. El «Novelty», en cambio, resiste bajo sus soportales, exactamente igual que entonces.
Andorreo sin rumbo evitando los grupos de turistas. En mi época no existÃan. Nadie repara en mÃ, parecerÃa que no existiera.
La Catedral, la Casa de las Conchas, la ClerecÃa… hasta que me topo con una multitud de hombres y mujeres en paños menores multicolores que captan mi atención. Corren por el Paseo de San Antonio, por el Bulevar de San Francisco Javier, por la Cruz de Caravaca, por la Avenida de los Comuneros. En su indumentaria puedo leer «San Silvestre salmantina».
Pero debo irme. Dejo para el final la visita más deseada. Calle Bordadores, cuatro. Continúa majestuoso. Desde aquà comencé mi viaje, precisamente un dÃa de San Silvestre…