30 años después portaba de nuevo un número en mi pecho. Como antaño, los nervios hacÃan nudo en mi estómago mientras en ese mar de gente esperaba la señal de salida. Los recuerdos inundaron mi mente mientras me preparaba para devorar uno a uno los 10 mil metros. La estruendosa salva dio la señal y casi al mismo tiempo ciento de corazones salimos agitados en la búsqueda de nuestro objetivo. Frente a mÃ, decenas o cabezas subÃan y bajaban en un vaivén sincronizado. AquÃ, en compañÃa de cientos de desconocidos con quien compartes una pasión, no se tiene noción del tiempo ni la distancia, solo te concentras en cada paso, en cada curva, en cada rebase. El agotamiento llega puntual y casi siempre acompañado del orgullo. La adrenalina te baña por dentro mientras en un último esfuerzo aceleras a la meta. El objetivo se cumplió, ¡Se siente bien!