27 DE DICIEMBRE DE 2026

Julián Boscosa había sido siempre un corredor nato. Recordaba aquellos días de infancia, cuando al salir de la escuela, corría hasta la carbonería de la calle Bodegones para llevarle a su padre el almuerzo. Luego marchaba a las orillas del Tormes donde hacía competiciones con otros niños. Siendo muchacho reservaba siempre unas horas para correr por la ciudad, hábito que mantuvo hasta la vejez. Al cumplir setenta años sufrió un ictus cerebral que paralizó la mitad de su cuerpo. Sin embargo, no se dejó abatir, y luchó con ahínco para recuperar la movilidad. Al principio caminaba como un niño pequeño, después de cinco años consiguió correr de nuevo. Su reto personal era participar en la San Silvestre Salmantina. Cuanto atravesó vencedor la meta, aquella mañana de diciembre, pudo demostrarse a sí mismo una vez más que el éxito estaba ligado al tesón y al deseo personal de superación.