El sonido del disparo inicial se disipa en el aire y la multitud avanza en un caos ordenado. Delante de mÃ, un corredor de camiseta azul eléctrico se destaca con un ritmo constante e hipnótico. Al principio, le sigo, tratando de mantenerme en su estela, pero siento cómo su velocidad me arrastra hacia un lÃmite desconocido.
Mis piernas empiezan a quejarse. Lo veo apretar el paso y no dejaré que se aleje; me aferro a su ritmo, impulsado por la admiración y el desafÃo. Cientos de corredores me han superado, pero aquÃ, en este momento, solo somos dos almas luchando contra el cansancio.
Llegando a la meta, la determinación me empuja a un último esfuerzo. Mi aliento se acelera y, en un instante decisivo, lo adelanto. Cruzamos la meta; no hay medallas en juego, solo la satisfacción de haberme superado, de haber encontrado la fuerza para competir contra mà mismo.