El día de ayer vino a visitarme mi cumpleaños, me encontraba tan concentrado con mis quehaceres diarios y con el trabajo que me sorprendió su llegada, él estaba muy contento y yo no salía d mi asombro. Procurando en algo disimular mis fachas, lo invité a pasar. Me dio un fuerte abrazo contagiándome su efusividad, me miró con sus ojos vivarachos y saltones llenos de felicidad. Qué gusto verte, ¿cómo estás? Preguntó. Bien, igual es un gusto verte. Respondí. Y que haciendo, que novedades, hace un año que no te veo, como está la familia, tus amigos, tu corazón, tus sueños. Insistió sin perder la algarabía. Bueno en este momento justo estoy terminando con un tema del trabajo, quedó excelente, ven para mostrártelo. Dije orgulloso de la respuesta. Lo llevé hasta el lugar y le entregué lo que había hecho. Esto no es lo que te pregunté.