27 DE DICIEMBRE DE 2026

No entendía por qué no dejaban correr al abuelo. Llevaba veinte años participando, nadie podía estar más preparado. Ella, en cambio, era la primera vez que corría. Su padre le dijo que los médicos le habían recomendado reposo y que no era prudente. Su abuelo la acompañó hasta la línea de salida y la siguió con la mirada mientras se alejaba entre los corredores. Al día siguiente, llevó a su abuelo al mismo lugar de la salida. “Ahora estamos solos -le dijo- vamos a correr juntos”. Y corrieron. Sus padres nunca se enteraron. Fue el secreto que guardaron entre los dos. El verano siguiente el cáncer le ganó por fin la carrera a su abuelo. Ahora, cada vez que participa en una San Silvestre, y ya van diez, sabe que no importa la marca que haga, sabe, que lo que de verdad importa, es que nunca corre sola.