No entendÃa por qué no dejaban correr al abuelo. Llevaba veinte años participando, nadie podÃa estar más preparado. Ella, en cambio, era la primera vez que corrÃa. Su padre le dijo que los médicos le habÃan recomendado reposo y que no era prudente. Su abuelo la acompañó hasta la lÃnea de salida y la siguió con la mirada mientras se alejaba entre los corredores. Al dÃa siguiente, llevó a su abuelo al mismo lugar de la salida. “Ahora estamos solos -le dijo- vamos a correr juntosâ€. Y corrieron. Sus padres nunca se enteraron. Fue el secreto que guardaron entre los dos. El verano siguiente el cáncer le ganó por fin la carrera a su abuelo. Ahora, cada vez que participa en una San Silvestre, y ya van diez, sabe que no importa la marca que haga, sabe, que lo que de verdad importa, es que nunca corre sola.