La mujer vestÃa de rojo. Entró justo un segundo antes de que mi vida se convirtiera en un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Por alguna razón pensaba que su marido serÃa la clase de hombre que no se conforma con una diosa. CreÃa que el tipo se la pegaba y querÃa pruebas. Y no supe decirle que no.
Aquella noche le seguà hasta un parque cercano, entonces echó a correr y rápidamente le perdà de vista. Asà ocurrió toda la semana. Por fin me animé a cambiar mis zapatos por unas deportivas. Iba a llegar hasta el final. Cada dÃa me acercaba un poco más a mi objetivo. Cambié mis chinos por unos pantaloncitos cortos pero no habÃa manera. Acabé dejando mi camisa e incluso la gabardina. El dÃa de la carrera aparecà con una cinta en el pelo. Dieron la salida. TenÃa mi objetivo a la vista.