Cien últimos metros, pie con pie con el que amenazaba con quitarme el primer puesto.
Pocas fuerzas me quedaban para hacer el sprint final, pero entonces vienieron, como descargas de energía, recuerdos muy oportunos a mi mente: me acordé de mi madre, cómo no, preocupada por que algún día me daría un patatús con tanto correr, me acordé de Alba, mi novia más que feliz con la motivación que había tenido preparándome para la cursa, aunque no nos engañemos, sobretodo feliz por el cambio físico que había hecho; y me acordé, por último, de aquellos que me decían que no podía aspirar a los primeros puestos porque no me podía comparar con los profesionales de ese deporte.
Este último sprint, amigos, va por vosotros.