Al ver la meta repasé mentalmente las extenuantes horas entrenando.
Músculos de piernas inflamados, largos y rÃtmicos pasos que empoderan y agigantan tu figura, el recorrido es cómplice silencioso de tus pensamientos.
Con la última bocanada de aire en mis pulmones, estiré la pierna derecha, el pie parecÃa alargarse, con esfuerzo mi cuello se estiraba formando pliegues en la piel a la altura de la garganta como si esos pocos milÃmetros de epidermis me darÃan la ventaja, al mismo tiempo que el pecho inflado sobresalÃa de forma antinatural arrastrando la cinta de llegada. Seguà unos metros por la inercia, al fin me detuve, doblé el cuerpo hacia adelante, abrà la boca, aspiré agitado todo el aire que pude, las manos apoyadas en los cuádriceps, mirando el empedrado reà … y también lloré.
En ese preciso momento oà la voz de Julia decir: “despierta, comienza la SanSilâ€.