Sonreía. Un año más se levantaba para uno de los días más especiales del año. Su objetivo en cada San Silvestre no era correr para lograr el primer puesto, sino que intentaba hacer de su día un día mejor, haciendo lo que más le gustaba. Y eso, pensaba, es un objetivo al alcance de todos, el primer puesto, es solo para uno. Y es que, pasara lo que pasase, correr siempre le daba fuerzas, más de las que el cansancio le quitaba. Y de repente…despertó. Este año tampoco podría correr. Sus dos tendones de Aquiles habían sufrido hacía dos años una fuerte tendinitis. Había sido incapaz de volver a correr, desde aquel último día que lo hizo mientras disfrutaba de ese encanto especial de un rato corriendo bajo la lluvia… Soñaba. Quería correr. Y deseaba a todos aquellos que lo hacían, que disfrutasen cada segundo de la práctica del atletismo.