Juan se siente eufórico, ha ganado la maratón. Está en lo más alto del podium y un hombre, sonriente, se acerca con una medalla.
La noche anterior, había tenido un extraño sueño: se le aparecía el diablo y le ofrecía ganar la San Silvestre, a cambio de su alma.
Durante la carrera se nota fuerte; corre con confianza e inteligencia, como nunca antes.
¿Qué mérito tiene ganar una carrera trampeando? –piensa– Prefiero correr con esfuerzo, dependiendo sólo de mis propias fuerzas, aunque llegue el último.
A media carrera encuentra a un corredor caído; se detiene, le ayuda a levantarse y continúa corriendo, con el ánimo renovado, ligero, vigoroso y resistente. Ahora se siente invencible.
Gana la carrera.
Entonces se fija, asombrado, en el hombre que le está colgando la medalla: es el corredor caído, que sonríe y le dice confidencialmente:
–Enhorabuena, has tomado la decisión correcta.
Se despierta.