27 DE DICIEMBRE DE 2026

En la víspera de San Silvestre, el aire estaba cargado de emoción. David, con su camiseta iluminada por el brillo de las luces navideñas, se unió a la multitud en la plaza. La carrera no solo era un desafío físico, sino una ilusión que unía a la comunidad. Las campanas sonaban, marcando el inicio. Cada paso era un latido compartido, una combinación de risas y gritos de aliento. Recordaba las largas noches de entrenamiento, el sacrificio y la pasión que le habían llevado hasta allí. Mientras corría, se encontró con rostros familiares: amigos, vecinos, desconocidos que, como él, buscaban dejar atrás un año de retos. En la última recta, el aliento se volvía pesado, pero el espíritu se elevaba. Al cruzar la meta, una gran satisfacción lo envolvió. La San Silvestre no era solo una carrera, era un abrazo colectivo que prometía nuevos comienzos y la fuerza de seguir adelante.