Y el tÃo se hinchó. ¡Al carajo! con las expensas pagadas a expensas
de su involuntaria abstemia. ¡Al carajo! con las facturas del gas, la luz, el teléfono. A cualquiera le pasa y después le pasa.
Salió rugiendo del edificio. ¡Al carajo! dijo, y tomó la decisión de comprarla. Regresó bramando. Un silencio extraño. Quinto piso, ascensor. Portazo. Al carajo con las expensas y a la mierda con el corcho.
Un beso obsceno, vidrioso y el timbrazo.
-No lo joda, don Alberto. A cualquiera le pasa y después le pasa.
-Es mi deber prevenirle…
-¡Que se vaya al carajo!
-Tranquilo viejo. Hoy déjelo, don Alberto. A cualquiera…
-¡DecÃle que me deje de joder ese portero de mierda!
-Encargado y más respeto. Cumplo con estrictas disposiciones del consorcio.
Y el tÃo se hinchó. Era lógico. Mucha espera. Cinco dÃas en el foso del ascensor calculó el forense.