El año pasado “latÆmi última San Silvestre. Ahora, lucho por adaptarme a este pálpito tenue al que me obligan los betabloqueantes que me prescribieron tras el infarto. Acostumbrado al vértigo y a la adrenalina, al pulso frenético y desbocado, a la euforia que produce la victoria, aún no me he acostumbrado a esta nueva etapa, que me sitúa, en la carrera, como un mero espectador. Por desgracia, el abuso del ejercicio también conlleva riesgos…
Mientras espero a que llegue mi “sustitutoâ€, disfruto viendo el ambiente de la competición, el calentamiento de los atletas, la algarabÃa de los corredores anónimos y del público expectante.
Mis pulsaciones suben repentinamente. Acaba de sonar el localizador. Él, aguarda unos minutos antes de iniciar el protocolo que conoce de memoria; yo, intento frenar el avance apresurado de mis palpitaciones.
Me despido “de corazónâ€. Es hora de entregar el “relevoâ€; ésta será su gran carrera…