27 DE DICIEMBRE DE 2026

La plaza Mayor ruge como un animal antiguo, hambriento de ruido y celebración. En medio del tumulto, Marta espera la salida en silencio, mientras la ciudad respira humo y pólvora. Cuando el disparo estalla, avanza: no con piernas, sino con voluntad. Las calles de Salamanca se curvan bajo la lluvia, y el público estira el cuello, mira, compara y olvida. Entre adoquines y linternas, el mundo parece inclinarse contra ella, pero sus brazos son molinos que giran contra el desamparo. La carrera es larga, y cada metro de la San Silvestre arranca astillas del pasado: el accidente, el hospital, el pensar que todo había acabado.
Pero aquello fue un nuevo comienzo. Cruza la meta con un temblor de hierro. Aplauden sin entender. Porque, al fin y al cabo, nadie mira a la mujer sobre la silla. Y nadie ve ahora que el suelo le devuelve su reflejo incompleto, pero exacto.