27 DE DICIEMBRE DE 2026

El último corredor no tiene dorsal ni zapatillas fluorescentes. Nadie lo ve, pero siempre está ahí, avanzando a su propio ritmo entre los demás.
Corre por senderos invisibles, entre las huellas de aquellos que ya no están. Sus pasos, ligeros pero constantes, levantan el polvo de los siglos, cruzan valles donde solo quedan ecos de huesos y fuego. Mientras los demás luchan por alcanzar la meta, él simplemente sigue su curso, sin prisa, siempre hacia adelante, como si conociera un destino más allá de lo humano.
Al caer el sol, cuando la multitud se disuelve y los vencedores celebran, su carrera aún no ha terminado. Su ritmo persiste, incansable, en busca de algo perdido hace milenios. Quizá la verdadera victoria no esté en el aplauso, sino en la memoria de la tierra Salmantina, que reconoce al único corredor que nunca se detiene.