27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada 31 de diciembre, la ciudad cambia. Las calles, normalmente tranquilas, se llenan de movimiento, sonrisas y pasos decididos. Es la San Silvestre, una tradición para cerrar el año con gratitud y esfuerzo. Marta ajusta su dorsal. No corre para ganar, sino para soltar lo que ya no necesita. A su lado, un grupo de mujeres mayores le desea suerte. “Hoy se corre con el corazón”, le dicen.

Suena el disparo. Marta avanza entre colores, tambores y alegría. Cada kilómetro es una despedida: del miedo, del cansancio, de las dudas. Corre en silencio, conectada con lo que de verdad importa.

Al cruzar la meta, respira hondo. No hay trofeos, pero sí una sensación de paz.

En casa, cuelga su dorsal junto a los de otros años. Para ella, esta carrera es más que deporte: es una forma de agradecer, reflexionar y comenzar de nuevo, con esperanza y propósito.