Este año me había propuesto un nuevo y complicado reto en la Sansil. Salí fuerte, sorprendí a todos. Me puse en cabeza durante los primeros quinientos metros y, poco a poco, empecé a ceder terreno. Hacia el Puente Romano me situaba en el grueso del pelotón y al avituallamiento llegaba ya bastante atrás. Estaba disfrutando de lo lindo, viendo cómo me rebasaban juniors, damas y seniors, a mí, a un promesa. Pero no iba a ser tan sencillo. A mis espaldas se perdía de vista la hilera de corredores que empezaban a pasarlo realmente mal. Fui bajando el ritmo y animando a cada uno de ellos cuando me rebasaba. En el Alto del Rollo, cuando ya cantaba victoria, giré la cabeza y comprobé que un veterano subía renqueando. Aflojé al máximo. En Cuatro Caminos estábamos casi a la par. Esprintó y me ganó. Fui el último…Recibí mi mejor ovación.