27 DE DICIEMBRE DE 2026

Correr la San Silvestre salmantina era una cita a la que no quería renunciar. Año tras año, le conmovía avanzar por las calles de su ciudad acompasando el ritmo de pies y corazón. Sentir la emoción compartida de competir. El entusiasmo del público que animaba sin descanso.
El médico advertía: Ya tienes una edad… Y él, respondía que participaba en la categoría de veteranos. Que el esfuerzo era el adecuado.
Al cabo, percibió que estaba acompañado por los seres queridos que ya se había ido. La mujer que fue su único amor, el hijo que les dejó ¡tan pronto!, el mejor amigo de la infancia… Corrían unidos y alegres.
Algo le quebró por dentro y, al tiempo que caía sobre el asfalto, se contempló corriendo sin descanso más allá de cualquier tiempo y lugar e imagino que la muerte era una especie de carrera infinita y ya, no quiso regresar.