Sobre el adoquinado cubierto de rocío van pasando los corredores con su cansancio y su esperanza; unos con piernas tímidas, otros con paso decidido; inquietos o pletóricos; apenas andando, ligeros o retorciéndose como una miga de pan que rebaña el plato; con la vista puesta en el reloj: ausentes o concentrados; en pareja, solos, en grupo; cumpliendo un sueño, un desafío o una promesa; pasando un buen rato, jugando…
Desde el otro lado de la cerca, el veterano se los mira con añoranza: su corazón siente en la palpitación del grupo también sus propios latidos, su cansancio y su esperanza.