Me siento libre, como un ave al iniciar su vuelo. Un vuelo que ha practicado muchas veces, al igual que yo, pero que, tal vez, en esta ocasión, sea el más importante de mi vida. Todo mi cuerpo se coordina para llegar a la meta. El del ave, quizás, por el simple placer de volar; el mío por alcanzar la tan deseada línea blanca.
En ocasiones no toco el suelo por lo que puedo sentir la sensación que experimenta ese ave, la de estar junto a las nubes, simplemente flotando, libre.
Los entrenamientos y el cansancio quedan atrás, allá donde sonó el pistoletazo de salida. Fue duro, agotador, muchas horas de esfuerzo y exigencia. Pero ahora eso no importa, todo pasa en cuestión de segundos, minutos tal vez. Ilusiones, sueños, toda una vida de sacrificios me acompañan. Es el momento…